Vivir sin ver los colores se puede. Vivir sin movimiento, una tragedia

A.Dumas h.

Probado está que podemos vivir sin los colores, es decir, sin verlos pero, vivir sin el movimiento sería una tragedia, una muerte anunciada. Ya a esta altura de nuestro tiempo como nación, lo estamos experimentando, languideciendo en medio de una inamovilidad de objetivos nacionales que simplemente espanta y mete miedo. Estacionados en medio de un pantanal donde las aspiraciones y ambiciones pecuniarias son los que establecen las reglas y por demás, su cumplimiento, todo lo cual ha convertido a la inmensa mayoría de ciudadanos en ludópatas de la política clientelista y falta de objetivos generales, incluyendo hasta la seguridad nacional en la frontera y la seguridad de la población.

Todo es un juego perverso de la política partidista y peor aún, grupal, dentro de los mismos partidos a los cuales presentan como prioridad nacional. Se han estacionado en un accionar engañoso y corrupto, negándose a cambiar o avanzar en cualquier proceso que implique institucionalidad. He ahí las fuerzas del Orden; las agrupaciones políticas; sindicales; profesionales y deportivas, donde la mayoría de sus “lideres” se perpetúa en las direcciones de las mismas, amasando fortunas que los sacan del “latinajo” a palacetes que en su vida alguna vez ni soñaron.

Y es que el desorden institucional es tal, que escuche a un “Militar” alabando las bonanzas de las acciones cívicas que lleva a cabo el Ministro de Obras Públicas, cual si fueran la salvación nacional, donde sólo cuestioné; ¿pero esto no debería hacerlo Salud Publica?, pero no, porque igual lo hace la Refinería, en vez de utilizar esos recursos para mejorar y adecuar la misma sin tener que obtener préstamos onerosos, que por lo regular dejan un fuerte olor nauseabundo.

Lo cierto es, que por ese camino están transitando la mayoría de los Ministerios. Gastando a manos llenas en un vulgar e ineficiente proceder clientelista para engrandecer los egos de esos funcionarios y sus extremas ambiciones de poder, todo esto, a costo y carga del ciudadano de a píes.

Ahora venimos con otro invento clientelista llamado “Proyecto Solución” o una desgracia parecida, producto de alguna mente teórica creadora de ilusiones, que para llevarlo a cabo se necesitarán mas millones, que sólo serán gastos sin que produzcan riquezas, aunque quizás, es posible que si lo produzca en algún lugar o en alguien pero, definitivamente, no al país.

Prácticamente son pocos los que se detienen a pensar el cómo estos políticos dilapidan el dinero del pueblo, el mismo que nos sacan el alma con impuestos; “reformas” fiscales”; descarados y abusivos mamotretos como los impuestos a los combustibles, porque con todo y todo, aún así, al gobierno no le alcanza el dinero y no hay manera de que alcance si nos ponemos a pensar en nuestros “Honorables” con sus planes de salud; su seguridad personal; pensiones; sueldos; dietas por asistencia, es decir, por realizar su trabajo y en horas de trabajo; cantidad de dinero por cada uno que ha votado por ellos; dinero para llevar a cabo acciones cívicas en y por su nombre; asignación de vehículos; exoneraciones; choferes; seguridad en su hogar; pago de personal y local de oficinas personales; inmunidad; dinero para el día de las Madres, del Padre; igualmente para Noche Buena; día de Reyes y un dineral para los partidos políticos, en fin, es difícil cuantificar este desmadre.

Y nadie deja de participar en el caos, incluyendo a los pobres padres de familia que invaden hasta los Parques Nacionales y para sacarlos –porque les permiten entrar-, hay que recompensarlos con todo aquello que en toda su vida no se han “fajado” para obtenerlo y ni hablar de los terroristas del concho y moto-concho, porque en estos todo es un desastre, llegándose incluso a imponer impuestos para compensarlos con vehículos nuevos.

Y es que quieren consensuar en todo y con todos, pero sin aplicar autoridad por la responsabilidad que esto conlleva. No quieren comprender que muchas veces, las luces que ven venir al final del túnel, no es el amanecer, sino, un tren descarrilado que se acerca. J…er. ¡Sí señor!