La poesía de Víctor Suarez, poeta de la Republica Dominicana.

BIOGRAFIA

Víctor Suárez

Nació en Loma de Cabrera, provincia Dajabón, República Dominicana, sus padres don Francisco Suárez y doña Natividad Franco, el séptimo de nueve hermanos. Allí realizó sus estudios primarios, terminando su bachillerato en el Colegio El Mundo en el Distrito Nacional, graduado de Licenciatura en Derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, diplomado en Derecho Internacional, en la UASD, Licenciatura en Educación mención Letras en la Universidad Central del Este, profesor de lenguas modernas, miembro de la Sociedad de Autores y Compositores de la Rep. Dom, relaciones internacionales y diplomacia de la UASD, así como también, graduado de la Escuela Nacional de Locución. Cantautor y Poeta a tiempo completo. Su obra es muy versátil, tanto le escribe al amor, como a la naturaleza, así como también se siente una amplia sensibilidad social en sus poemas. Un Canto al Ozama, Narcisazo, El Fuego del Dolor, La Casa al final de la Calle, son títulos sobresalientes dentro de su obra.

 

Tus ojos son mí de luz

No más que tus ojos claros de medio día necesito para andar este largo camino de azúcar y sal que es mi vida.Si la luz profunda de tus ojos alumbraran los senderos de mi sueño y tus pasos de reina hasta mi amor te condujeran, yo tendría en mis manos de esclavo, el tesoro que rey me hiciera y la alegría infinita y la gloria eterna.

 

Pequeño Corazón

Te dejaste caer en mis brazos llorosa, yo asentaba coronas de besos sobre tu pelo. Tus lágrimas calaron mi camisa, en tanto te consolaba. ¡Te amo mi pequeña! Repetí y te hablé del sol y de la luna,mientras, cantaba una nana.Tu pequeño corazón, poco a poco se calmaba y te dormiste en mis brazos, todo lo olvidé, y en aquel instante sólo tú, te cuidé como a un ángel, quise que al despertar a tu lado me encontraras.

 

Libre

Han quedado rotos los duros barrotes de tu celda fría

y sin darte cuenta la mansa avecilla ha volado, alto y lejano como la luz,

dulce y alegre como el amor.

 

 

Tú y Yo

Tú y yo, dulces melodías encontradas en la escala ascendente de amor. Tu y yo, Algo más que un respirar profundo cuando hacemos el amor. Tú y yo, la mañana y el sol dormidos en un beso cálido. Tú y yo, la razón y la alegría, somos poetas y poesía, yo soy río y tu caudal.

Vagando

En el dolor y la sombra, por fríos caminos vagando, el sol buscando. Aquí se enlutan los sueños, la noche tiñe el alba, se vuelven cadenas los días. Quiero ver la mañana, despertarme en sus brazos y seguir el sol hasta el final de mi vida.

Como la luz

La luz me determina, desde la profundidad al infinito la luz extrae el bien soterrado, la luz no desdeña, la miel se desprende, de la luz y se precipita en mi patria, a la que agrego mi alegría, desde las piedras hasta el infinito y agrego mi memoria, porque soy el universo-

Viento Apacible

Vientos suaves y apacibles de la mañana serena, dame la muerte en tu aurora, que quiero vivir mi vida en tu silencio para buscar la paz de mi alma alborotada.

 

Mi perro

Mi perro ladra esta noche de luna, algo le abruma,  por el jardín sube y baja, baja y sube con su ladrido triste, en su recorrer me embiste a la noche lúgubre, aúlla al pie de la ventana, como si el dolor lo martirizara, pero no le duele nada, es mi tristeza que descubre y entonces mi perro, buen amigo, quiere borrar las penas conmigo, por eso aúlla, ladra, baja y sube.

 

Sangra la tierra

La tierra herida bajo el costado azul de occidente sangra y se desangra, sangre negra y cristalina de sus venas laceradas, vital energía que se vierte y llora la tierra y lloran los pájaros circundantes, llora la fauna, llora el golfo y como llora la flora, yo también lloro. La mano inicua tras los mezquinos intereses empuja la daga hasta el corazón mismo del planeta, sin importarles que pare de repente en mitad de la nada, sin concernir que se detenga la vida y estalle en pedazos nuestro mundo. No les importa tu dolor, amada tierra, ni el de los otros, ni el mío, si no,

el saqueo de tu vientre desgarrado.

Sangra la tierra herida de muerte,  en su agonía, el asombro de los que no sabemos como entregarnos por entero,  hasta elevarte más allá de la galaxia, donde no nazcan corazones

sedientos de poder y de fortuna, ni espíritus repletos de barbarie e ignorancia. Sangra la tierra, la madre grande,  la vieja madre, llora y se desnivela, el riesgo a todos atañe, poderosos y miserables, todos pagaremos la misma culpa, unos el pecado de la indolencia y otros la incuria y aquellos que lloramos al verte morir al menos palmearemos conformes  de saber que sucumbimos acunándote, queriendo salvarte de los irracionales, de los que vestidos de trajes y corbatas, en oficinas de lujo en Wall Street quieren hacernos creer que son civilizados. La tierra sangra, la tierra llora y yo, lloro y muero con ella.

 

Igual

A través de tus ojos serrados se escapa mi luz de soñador, como un rayo se va el amor, como la noche, el día, igual callados. Igual la tarde y la mañana, igual al frió mi corazón helado. En el encuentro de amor, en el llanto de la nada, a donde fue lo que soñé, el horizonte risueño, ahora es un canto triste. Sigo el paso de la luz por la verdad, por descubrir entre las sombra lo anhelado. Como el viento todo el bien pasa de largo, la esperanza en mi tan solo queda.

No tengo país

No tengo país, no tengo fronteras, mi padre es el sol, mi casa la tierra,

mi pan el amor, mi adversario la guerra, mi paz la armonía, mi luz las estrellas.  Un planeta entero de hermanos yo tengo, sus vidas hermosas caben en mis sueños. Puedo mirar lejos puedo ser lucero, puedo ser galaxia, cuando miro al cielo. Construir razón a la vida puedo, hacer de la luz mi perfecto sueño. Crecer como cantos que se expande anhelo y en la cima del monte descansar mi vuelo.  Despertó la mañana, en mi se hizo eterna, me aferré al alba, rompí las cadenas, apague el otoño, ascendí primavera, puedo ser el cosmos, puedo ser pradera.
A quien le importa A quien le importa el dolor ajeno, comentar mi desconsuelo, para qué? Este dolor es mío, solamente mío, que me engulla y me destruya. A quien le importa si vivo, si muero, si la angustia me ahoga, si esta noche fría me devora,  me atrapa en el cruel vacío de no dejarme salir de esta pena que a mi corazón deshace. Como duele, como hiere querer a quien no te quiere, amar a quién te ha dejado de amar. Este amor es una enredadera que me apresa, me ata y me aniquila, como sí algo se alimentara de mí sangre y poco a poco me debilita, gota a gota me consume  y es más dulce la muerte que vivir en esta hoguera de tristeza, donde la vida es más fría que la muerte. Las flores no tienen colores, las noches son lúgubres y oscuras y este día es sombrío, es el abismo.

 

 

 

Tu enojo

Dardos de tu enojo llegan hasta mi, me hieren profundamente el alma y mi esencia en su dolor tu pasión extraña y tu amor que a mi amor hace feliz cuando de alegría ríes y cantas y me abrazas tierna y enamorada y enciendes cual hoguera la llama de mi vida por ti ilusionada, me hiere tu inconsciente frialdad y en mi corazón Cupido insiste porque no sabe qué haces con el amor que alegre un día me diste, ya no me abrazas, no me besas y con tu cruel enojo me embiste.

todos los derechos reservados-

Víctor Suarez

About the Author

Víctor Suárez
Víctor Suárez, Republica dominicana, EldiariodeSantoDomingo.com, 809 805 2735

Be the first to comment on "La poesía de Víctor Suarez, poeta de la Republica Dominicana."

Deja un comentario

Tu email no será publicado.