La patria en el corazón –

 

Yvelisse Prats Ramírez De Pérez
yvepra@hotmail.com
Los dominicanos conmemoramos el 27 de este mes, como todos los años, el Día de la Independencia Nacional. No hay todavía, casi a mitad del mes, mucho entusiasmo ni mensajes alusivos, lo que si abundan son anuncios del Día de San Valentín, otra fecha importada “made in USA”.
Aunque esos estímulos comerciales del Cupido posmoderno, saturan los medios, les hago poco caso: reflexiono sobre mi país, su pasado, su presente, su futuro, en este “Mes de la Patria”.
Para celebrarlo, culminando el día 27, se requerirían dos condiciones: conocer la historia que antes hicieron nuestros antepasados, y estar dispuestos a escribir con coraje como ellos lo hicieron, la nuestra.
No percibo aún que estos dos requerimientos se cumplan en la República Dominicana.
Empiezo por la formación de la historia.  La historia no es tratada a profundidad y seriamente, en el sistema de educación dominicano.  Las falencias y carencias son elementales; el desconocimiento de datos importantes sucesos nodales, héroes y heroínas, así como de ¡traidores a la patria! sale a flote en cuanto se conversa sobre el tema con niños y jóvenes dominicanos.
Dentro de una reforma educativa integral, que se impone si queremos revertir los daños de la “España Boba”, curricular y axiológica de la supuesta “Revolución Educativa” la formación histórica debe ser junto a Lengua Española y la Matemática, como asignatura básica, en todos los niveles de la educación nacional.
Pero, no puede realizarse una reforma educativa integral sin una política pública que la sustente. Y una política pública en el sector educación que priorice la formación de ciudadanos conscientes, conocedores de la historia, la nacional particularmente, para tomarla como referente en la historia que les tocará a ellos hacer, solo puede formularla y aplicarla un gobierno que postule una democracia participativa de ciudadanos, en un estado institucionalizado, sin presidencialismo vertical, con los funcionarios sin miedo a la transparencia ni al recuerdo porque, escriben SU historia con trazos impecables.
Para aprender la historia, la nuestra y la universal, como debe ser, los niños y jóvenes dominicanos necesitan que los adultos, que somos sus padres, hagamos el esfuerzo de construir ese entorno político-social diferente para que la educación nacional sea orgullosamente identitaria, comprometida con nuestro pasado heroico, con un presente de superación y un futuro de logros construidos en el esfuerzo común.
Como adulta mayor, abuela y bisabuela de adolescentes y niños que cursan diferentes niveles, trato con terquedad y astucia de descubrir los baches, las ausencias, las interpretaciones insidiosas, erróneas que malean ese aprendizaje: a veces, malos textos, escritos con rebuscados, impropios para la generación actual, de un repertorio verbal, exiguo, otras veces, profesores sin amor por la historia o sin vocación pedagógica, que premian la memorización de unos datos y no estimular la natural inclinación de los muchachitos de cuestionar preguntando, y al contrario, le reprimen.
Me paso horas hablando con nietos y bisnietos, convirtiendo mis héroes y heroínas en protagonistas de cuentos al alcance de ellos.
En mi tarea, he obtenido un notable éxito con un bisnieto de 8 años, quien se ha apasionado en indagar sobre la tiranía trujillista.  A veces, me telefonea, de noche, para ratificar con su vocecita infantil,  “abuela, Trujillo era muy malo” o para dedicar ditirambos a las hermanas Mirabal, de los que se ha enamorado con delirio.
Como maestra, ciudadana y política, me empeño en poner también granitos de arena en la construcción del orgullo nacional, que solo se recuperará en este país que tiene una baja autoestima si conocemos y valoramos nuestra historia, llena de hazañas y de triunfos sobre adversidades terribles.
Tenemos ejemplos a seguir, Duarte, Luperón, Bonó, Espaillat, los revolucionarios del 65, las Mirabal que ama mi bisnieto, Juan Bosch con su ética pura, Peña Gómez y su generosidad y su ideología. Los de antes, los de ayer, enseñando qué es ser buen dominicano, como se debe entender el patriotismo, no el patrioterismo defendiendo el patriotismo nacional frente a ambiciones y ladrones de fuera y de dentro.
Modestamente, además de dialogar con mis nietos y bisnietos, mi aporte se concreta este año en la oferta que hago, junto  a las demás autoridades del Instituto José Francisco Peña Gómez, del diplomado “Historia Crítica Dominicana”, que empezará en marzo, y quedan aún becas en nuestra institución.
No soy devota de San Valentín, regalo a mis seres queridos cuando puedo. En febrero, Mes de la Patria, los corazones rojos deben representar amor por la República Dominicana, por su historia, tan digna.
El Instituto José Francisco Peña Gómez, yo incluida, demostremos ese amor con el Diplomado en Historia Critica Dominicana.

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Víctor Suárez
Víctor Suárez, Republica dominicana, EldiariodeSantoDomingo.com, 809 805 2735

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